martes, 3 de febrero de 2015



En Noviembre del año pasado volví a leer "Juan Martín Delfín" después de dos años de haberlo publicado, y ¿saben qué? ¡Me gustó! J
Esto de leer un cuento que dejé “reposar” durante un tiempo, es una experiencia nueva para mí. Es como que lo hubiese escrito otro y me permitió meterme en la historia desde una perspectiva nueva.
Eso sí, me quedé con ganas de que Juan Martín profundizara en algunos temas con Fede, aunque tampoco quería que se convirtiera en una cuento largo. Así que lo reescribí para satisfacer las exigencias de ese lector tan particular, que es el propio autor.  
Ahora me encantó como quedó el cuento. Ojalá que a ustedes también les guste.
Comparto uno de los capítulos nuevos de "Juan Martín Delfín":

Juan Martín Delfín

EL PROPÓSITO

Flotamos en silencio por un largo rato. El mar respiraba en grandes ondas que nos llevaban de la cresta al valle en una danza fluida acompasada a su ritmo.
―No sé por qué y para qué estoy aquí delfín ―se animó a decir.
―Estas aquí para disfrutar de correr olas.
―No, no… yo me refiero a, aquí, en la vida. No sé cuál es el propósito de mi vida?
―Sí, claro que te entendí, y te contesté que estamos aquí para disfrutar de correr olas.
―No me entiendes. Solo un surfista profesional puede decir que el propósito de su vida es correr olas, y yo no soy un profesional, yo solo me doy el gusto de practicar el surf durante mis vacaciones o alguno fin de semana que otro durante el resto del año.
―Fede, el mar es imagen de la vida. Como es en el mar es en la vida. Quizás no sea evidente para ti, pero créeme cuando te digo que somos en gran parte agua y ésta da soporte a una parte importante de nuestra vida. La inteligencia divina se manifiesta de muchas maneras y una de las que más nos influye es el agua.
―No logro captar a donde quieres llegar con ese postulado, que si bien puedo comprender, no entiendo que tiene que ver con mi inquietud, querido delfín.
―Usa tu imaginación Fede. Imaginar es el primer estado de la creación, y todos podemos crear nuestra realidad. Y antes de que tu mente me interrumpa con la avalancha de refutaciones, te digo que la realidad en la cual vivimos depende de la forma en que nos aproximamos a la vida. Fíjate cómo cada ola es un evento, una oportunidad, una experiencia, un amor, un proyecto, una tarea, un compromiso, un problema… Tomás una, dejas pasar otra, elegís en cada instante, mantienes el equilibrio, te juegas la vida, la gozas, te caes, te levantas y vuelves a barrenar la siguiente ola.
―Puedo ver la analogía, y está buena.
Federico levantó su mirada al cielo. Vio el infinito, surcado por nubes que tomaban formas de seres: una cara, un ave y un tigre aparecían y se desvanecían en un continuo devenir. Dejó que el silencio lo llenara de vacío hasta saciarlo por completo.
―Entiendo delfín, todo depende de mi actitud, de cómo me pare frente a un evento. Puedo enojarme y resistirme o puedo fluir y disfrutar, es mi elección. Lo mismo que hago aquí en el mar. Yo decido que ola tomo y que ola dejo pasar, yo elijo el lugar en donde la espero, y por sobre todo yo elegí tirarme al agua. Bien podría haberme quedado en la orilla contemplando con temor la bravura del océano. Pero una vez, un día decidí tirarme al agua y aprender a disfrutar del esfuerzo que implica sortear las olas que custodian el pico. Disfruto aprendiendo de cada nueva dificultad que me plantea el mar. Cada fracaso no es más que una anécdota divertida que precede al siguiente intento. Cada logro me abre la puerta a un cielo aún más estrellado que el anterior.
―¡Ya comienzas a ver como un delfín, Fede! Bienvenido al estado de conciencia que la abuela Zulma llama “todosjuntos”.
―Sabes que creo que sé a qué te refieres.
―¡Claro que lo sabes! Ese es el propósito de todos. Como las gotas de agua que forman las nubes y solo cuando se unen bajan a la tierra para seguir uniéndose con otras gotas y forman arroyos que convergen en ríos y fluyen al océano.
―¿Algo así como que el propósito está en unirme a otros?
―Casi que lo tienes, pero no completamente.
―¿Qué quieres decir con que no está completo?
―Te falta aprehender el hecho de que “el otro” es otro “tu”. Tengo entendido que en la lengua de los hombres con quienes mis ancestros solían tener amistad, se dice In Lak’ech.
―In Lak’ech ―repitió Fede mientras su cuerpo entero asimilaba el concepto ―In Lak’ech… Mi propósito, encontrarme en “el otro”…, todosjuntos, fluyendo como ríos al océano.
―Así es Fede. ¿Te lo puedes imaginar? ¿Te puedes imaginar a todos los humanos comulgando en estos colores?
―Lo veo, sí lo veo, y todo es pura belleza, pura vida, todo es perfecto.
―Así es hermanito; no es un secreto para nadie; todos los seres vivos lo sabemos, solo que ustedes los hombres lo olvidaron.
Esa noche Fede soñó el “sueño del delfín”; en que la individualidad se disuelve en el todo.


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¡In Lak’ech!

Rafa